Tercerización – La gran solución (o una discutible opinión sobre como hacer las cosas en una empresa)
Por Martín Balzamo
Me dispongo a enviar un email a todos los que trabajamos en el mismo sector de la empresa, unas cien personas. Escribo el nombre del sector, oprimo CTRL+K, y me aparecen dos opciones. Para los que no usan el cliente de correo electrónico de Microsoft, esta combinación de teclas cambia lo que uno escribió por la dirección de correo correcta.
¿A ver si se entiende mejor con un ejemplo? Supongamos que quiero enviarle un email a mi amigo Juan de los Palotes (John Doe). Si escribo Juan Palotes, al apretar CTRL+K, aparece Juan de los Palotes subrayado. Si escribo Juan, aparece una larga lista con todas aquellas direcciones que contienen la palabra Juan. Elijo entonces la dirección correcta. Al escribir el nombre de mi sector esperaba encontrarme con alguna opción a elegir. Estaba preparado para cuestiones menores como elegir entre, digamos, Administración de Ventas, Adm Ventas, Todos Administración de Ventas, Administración de Ventas All (no trabajo en Administración de Ventas, soy un agente de CTU – encubierto, por supuesto y no debo revelarlo). Administración de Ventas All tiene la sorprendente combinación de idiomas que se da a diario en nuestro trabajo. Para mi sorpresa, las opciones son dos: algo parecido al nombre de mi área y lo mismo guión proveedores.
Esto me recuerda aquel chiste sobre la discriminación y la falsa igualdad que dice así: “Había un ómnibus donde los blancos se sentaban de un lado y los negros en el otro. Un día se armó una pelea y el conductor enojado se paró y dijo, desde hoy somos todos verdes. Alguien tímidamente preguntó como se sentaban entonces, a lo que contestó: ¡Los verdes claros de este lado y los verdes oscuros del otro!”. Todos somos empleados y no hay distinción. O sí.
Los proveedores son el síntoma de la tercerización o outsourcing. El capítulo 17 de la temporada 17 de Los Simpson, que se puede ver en http://rapidshare.com/users/P2RCF7, trata sobre la mudanza de la planta nuclear a la India. La tercerización es la solución, según Mr. Burns, para que los trabajadores americanos tengan más tiempo libre. La decisión de mudar la planta es comunicada a los futuros ex-empleados mostrándoles primero un video explicativo imperdible (Para los fanáticos de los comics, la palabra cross-over es conocida y es una historieta en la que aparecen personajes de otra. Esto parece un cross-over con Network TV Slut!).
El 17 es la desgracia en la tabla que convierte los sueños en números y me encantaría saber si Matt Groening, el creador de Los Simpson, sabía esto cuando eligió tratar este tema en este episodio en esta temporada. La tabla de los sueños se puede ver en cualquier agencia de juego en Argentina, donde uno puede apostar a un número y a las diez de la noche aproximadamente, se entera, escuchando por Radio Nacional en frecuencia AM, qué numero salió (Y esto un cross-over con Gambling Is Easy). La cultura de los sueños y los números y el juego es una costumbre nacional. La tercerización, que es prima hermana de la reestructuración, y que se podría llamar también despidos masivos, es una desgracia. Y es una costumbre empresarial.
Y dónde está la receta magistral (tanto cross-over que me perdí)? Presentado un problema, el interlocutor de turno contesta: “Hay que buscar alguna empresa que sepa hacer esto y contratarla!”. Y resulta sencillo y fácil de entender. Parece no tener nada de extraño. Veamos entonces algunos ejemplos de tercerización.
Llego a la oficina más temprano porque tuve que ir a donar sangre y planifiqué mal (necesito un PM) y está César en la puerta con su traje de seguridad. Me saluda amablemente, cruzamos dos palabras, hablamos del partido de anoche. Ese mismo día, me quedo hasta más tarde. Cuando me voy… César sigue allí. Me voy a buscar un café y le traigo uno. Después de un rato de charla y, haciendo un esfuerzo por no emitir opinión, me entero que César trabaja doce horas por día. Wowowow! No era sólo “buscar a alguien que pueda hacer cierta tarea y contratémoslo”. Acá hay algo más. Por alguna extraña razón todas las empresas tercerizan la seguridad. Por qué? Empiezo a conjeturar. No mejor todavía no. Seguridad tiene su particularidad. Muchas horas, muchos turnos, gente armada, gente pesada. Fair enough? No. No para César.
Veo a un señor pasándole un trapo a una hoja de una planta. Me paro a disfrutar del espectáculo. Lo hace con una delicadeza y un esmero que me dan ganas de aplaudir. Miro su ropa. Tiene el logo de una compañía que no es el de la mía. ¿Y ahora? Este señor no trabaja muchas horas, ni muchos turnos, ni está armado con otra cosa que con una tijera de podar. Pero hace demasiado bien su trabajo. Tal vez es eso. La especialidad. Sigo mirando.
Vienen los auditores, gente que es fácil de identificar al mediodía. Siempre están almorzando con sus amigos. Almuerzan solos. Son contratados por los accionistas para verificar que las cosas vayan bien. Que sean de otra empresa parece razonable, es un trabajo de una vez por año, son independientes, son especialistas. Tenerlos en forma interna enrarece el aire. Cuando circula el informe de auditoría suelen no estar los auditores que hicieron el trabajo y lo firma un súper dúper gerente socio presidente que nadie sabe quien es. Los que hicieron el trabajo son reasignados bajo un programa de protección de auditores, o al menos eso parece, porque se esfuman. Bueno, encontré un caso en el que me parece razonable tercerizar. ¡Pero es muy particular!
¿Entonces, por qué se terceriza? De joven pensaba que era por costos. Para aquellas tareas repetitivas donde se contrata a alguien por un tiempo largo, siempre es más barato contratarlo como empleado. ¿Incluyendo las cargas sociales, la medicina prepaga, la indemnización en un caso de despido, entre otras cosas? Si, absolutamente. Con el tiempo me pareció entender que era por riesgos. En Argentina es más fácil divorciarse que despedir a alguien sin indemnizarlo. Incluso si uno lo encontrara cometiendo un delito como robar, lo filmara y tuviera tres testigos que lo vieran. Entonces si es empleado de una empresa que lo pone a trabajar en mi empresa, le pido que lo despidan y… vualá. Paul diría “¡Ni modo!” porque mi empresa responde en forma solidaria en caso de un juicio laboral. ¿Entonces? Entonces salvando el caso de la auditoría, el resto no tiene mucha explicación.
Conclusión (si es que hay alguna)
El que maneja un auto mira su tablero y toma decisiones. El que maneja una empresa mira su tablero y toma decisiones. El conductor tiene un velocímetro, un tacómetro, a veces un amperímetro. El alto ejecutivo de una empresa tiene una hermosa lista de indicadores. La vieja ganancia, que a veces toma nombres complicados como EBITDA o el que suena hoy en todas las radios OIBDA es uno de los relojes de una empresa. Pero hay uno, hay uno que por ahí es la clave de todo esto. El temido HEADCOUNT. Es la cantidad de gente que trabaja en una empresa. Y que aumente está mal. Definitivamente mal. Tener muchos empleados es un síntoma de ineficiencia. Entonces en lugar de empleados, se toman terceros. Y… no los contás y listo. ¡Y lo que no con-tás no afecta tu head-count! Y la aguja del reloj que dice HEADCOUNT se queda quietita en su lugar. Y por ahí, por ahí, esa es la absurda explicación.