RRHH – Administración de personal
Por Martín Balzamo
El primer artículo de esta sección hablaba sobre el pseudo-deporte de descubrir una situación repetitiva en el ámbito empresarial. Encontrarse pseudos-deportes es divertido. Yo disfruto mucho del siguiente:
Caerle mal a alguien por cuestiones de nombre.
Un ejemplo de esta extraña práctica es acercarse a uno de esos señores que suelen estar parados en la puerta de un edificio y preguntarle alegremente: “¿Disculpe, usted es el portero?” El señor en cuestión, seguramente vestido con ropa de trabajo, un trapo en la mano y un frasco de líquido lustrador de metales en la otra, dejará de darle brillo a la manija de la puerta por un segundo y con mucho mal humor contestará: “No, soy el encargado”. Esto no debe practicarse en el edificio en el que uno vive, ya que el portero, mejor dicho encargado, es la persona clave del edificio y puede complicarle a uno la vida con muy poco esfuerzo. Puede, por ejemplo, traspapelarnos una factura de teléfono y condenarnos a un sinfín de trámites.
Esto mismo pasa en una empresa si a un gerente de recursos humanos se le pregunta: “¿Vos sos de Administración de Personal?” Sin perder la calma, dado que este tipo de gente cuida mucho sus formas, contestará: “Sí, soy el Gerente de Recursos Humanos”. Pero inmediatamente dará un extenso discurso señalando lo lejano que están los dos nombres. La primera cuestión a notar es la diferencia de actitud. El portero empieza con un “No”. El segundo, por el contrario, lo hace con un “Sí”. El “No” me recuerda la película El negociador que en algún momento explica que empezar una frase con un “No” en una negociación desencadenará la furia del interlocutor y eso, en un caso de rehenes por ejemplo, puede significar la vida de estos. El “Sí” seguido de una larga explicación me alerta. Estoy ante alguien que me va a manipular.
Estamos hablando entonces de gente con capacidad y con poder. ¿Quiénes son estas personas? ¿Qué hacen? Una mala manera de entender que hacen es ver qué jefes cuelgan de un gerente de recursos humanos y tratar de interpretar, a partir del título del puesto, la función. Aparecen entonces términos como remuneraciones, capacitación, desarrollo.
Una forma muy nerd de entender lo que hace un área de una empresa es ver si en el mercado hay un software masivo que se use específicamente para esa gerencia o dirección. No es el camino más sencillo, pero funciona. Desde esta óptica se puede concluir que esta gente liquida sueldos, se encarga de encontrar y contratar a los nuevos empleados, sabe qué cursos tomó cada persona en la empresa y cuales va a tomar, hacen trámites impositivos ante el estado, tratan con las obras sociales y con las prepagas.
El fin de semana pasado salió una nota en Clarín sobre una empresa de desarrollo de software en la que había una sala donde uno en sus ratos libres podía ir a tocar la guitarra y quien explicaba esto era alguien de un área de recursos humanos. En esa media lengua que hablan los ejecutivos, mitad español, mitad inglés, la entrevistada decía trabajar en personal care. Y acá empiezan los problemas. Hasta ahora parecían tareas administrativas, pero estos nuevos roles importados de California lejos están de liquidar sueldos.
Esta sección se llama “Recetas magistrales” y entonces… cuál es la receta magistral? En cualquier empresa grande pasan cosas como estas: un día me gano dos entradas para ir a ver un espectáculo, entre la alegría leo a las apuradas el email que me avisa que el azar estuvo de mi lado y noto que tengo que ir a buscar la entrada a la otra punta de la ciudad. Logro conseguirlas, ver el espectáculo y al día siguiente, durante el almuerzo, hablando con un compañero, mientras le cuento la parte del retiro de las entradas me lanza un: “Estos de recursos humanos son una vergüenza”. He aquí la receta magistral. Cualquier cosa que funciona mal en la empresa y que no sea responsabilidad clara de alguien, es de RRHH. Y si alguien quisiera defenderlos en cualquier circunstancia sería el fin de su popularidad. Estoy en eso.
Hace algunas semanas, el chiste diario de Dilbert mostraba a un compañero de éste que iba a RRHH diciendo que se sentía un perdedor y que quería que alguien lo ayudara. La respuesta, ridiculizada, era: “Usted es un perdedor por venir a pedir ayuda a RRHH”. Los empleados tenemos muchas expectativas puestas en este área, a veces soportadas por las historias que vienen del gran país del norte.
Así como el empleado novato confunde sistemáticamente el gremio con RRHH, el empleado experimentado sabe que representan los intereses de los dueños o accionistas. Probablemente, la verdad está en el medio y a veces parecen gremialistas o delegados y a veces parecen traficantes de esclavos o dictadores.
Y entonces? Quiénes son? Son buenos o malos? Culpables de todo? Algo? No lo sé, pero están ahí. Y son los que tienen los expedientes. X? Tal vez ellos también sean una cofradía, como la de los PM’s. ![]()
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