Maquíllate la mente (Toma de decisiones)
Caminando por la Collins, en Miami, escuché por primera vez la frase maquíllate la mente. Creo que tardé una cuadra en entender y dos más en dejar de reírme. La mezcla de razas e idiomas produce cosas como estas. En inglés la expresión make up your mind debería traducirse por algo como decídete (¿por que será que cuando uno traduce no vosea?), pero dado que make up es maquillaje y your mind es tu mente, la traducción palabra por palabra arroja el título de este ensayo (nombre presuntuoso). Maquillar la mente es complicado.
En un rincón está el método de la película Brazil. Un empleado administrativo, como cualquier oficinista, que tenía en su escritorio un aparato que lo ayudaba en la toma de decisiones. El aparato era una plomada atada a un hilo que caía exactamente sobre el borde de una pirámide de dos caras. Una cara decía si y la otra no.
Este personaje decidía todo gracias al simpático aparatito. Y si bien este método parece ridículo, basta con explorar técnicas de los noventa para ayudar a la toma de decisiones en las que es evidente, bueno no tanto, que se puede justificar algo o su negación. El ejercicio propuesto consistía en jugar roles o “ponerse el sombrero” de la actitud de vida a tomar. Así el sombrero rosa era el optimista, el negro el pesimista y aunque había más, estos dos me interesan especialmente. Cada vez que participé en uno de estos ejercicios, me sorprendí al ver qué fácil es argumentar por algo o por lo contrario.
Buscando más de esto mismo en otras ciencias, alguna vez me detuve en el proceso de administración de justicia en la sociedad y otra vez lo mismo. Un fiscal que trata por todos los medios de probar la culpabilidad del acusado, un defensor del otro lado que juega por la inocencia, y en el medio el juez o el jurado, buscando la verdad.
A veces en algunas justicias, las cosas son un poco diferentes. En el capítulo tres de Liga de la Justicia, tercera temporada, están juzgando, en un planeta lejano, a Linterna Verde. Cuando Flash quiere defenderlo, oficiando de abogado, el juez le dice: “Resolvimos el problema de los abogados en nuestro planeta. Ya no hay más abogados desde que éstos sufren la misma pena que el acusado”. Esto no fundamenta mi idea de que puede justificarse cualquier cosa, pero como es un dibujo animado, podemos descartarlo. Pero por sobre todo, la idea es tan buena.
Entonces, de un lado, la decisión tirando una moneda. Del otro, el análisis. En su versión más ridiculizada, querer hacer todas las pruebas necesarias para tener garantías y demorar la decisión hasta que sea tarde.
Problema: A qué precio vendemos esto? Podemos entonces hacer un estudio de mercado, una encuesta con clientes, un focus group para ver cuánto están dispuestos a pagar. Pero para cuando terminamos todo esto, la competencia se hizo fuerte y quedamos afuera. Tal vez se podía tirar una moneda, poner un precio y estar listos para cambiarlo.
Y cuál es la receta magistral? Suena más o menos así: acá hay que ver las ventajas y desventajas y tomar una decisión. Y eso parece estar bien. Pero… haga esta prueba. Supongamos que diez personas fueron a una presentación de un producto. Sepárelos en dos grupos de cinco y pídales que le hagan un cuadrito con Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas (también conocido como FODA). Va a ver que lo que para uno es una fortaleza, para el otro grupo es una debilidad. Va a ver.
Pero entonces, las ventajas no son algo que está flotando en el éter y sólo hay que atraparlo? No pequeño Saltamontes. Mejor, tirá una moneda.
Tal vez todo este ensayo es el resultado de tirar una plomada sobre una pirámide de dos caras que de un lado dice análisis y del otro dice azar. Y salió azar.